En la alegría de Cristo Resucitado
Dentro de la serie de reflexiones que en nuestra página web, estamos dedicando a la figura de Jesús de Nazaret, y una vez llevada a cabo por amor al hombre, su pasión y muerte, al tiempo que materializada su resurrección gloriosa al tercer día, tal y como las escrituras y él mismo pregonara a lo largo de sus tres años de vida pública.-
El periodo que se nos abre ahora es sumamente esperanzador para el ser humano, pues de él se va a desprender en la más absoluta de las certezas, que Cristo, toda vez que manifestado a los discípulos y a María su Madre, así como a los incrédulos de la época, “Pongo por ejemplo a Tomás” uno de los doce, cuando dice, al no estar presente ante una de las apariciones del Señor, que si no mete sus dedos en los agujeros de sus clavos y no hunde su mano en la herida de su costado, él no creerá. Mas estando Jesús al tanto de esto, porque Cristo lee en el pensamiento y en el corazón de todo humano, se acerca a Tomás y dulcemente invita al incrédulo diciendo. “Aquí tienes mis manos y aquí esta mi costado” Es entonces cuando el discípulo al ver con certeza a su Maestro, vocea una de las frases más hermosas, jamás pronunciadas. ¡Señor mío y Dios mío! A lo que Cristo responde con autoridad. ¿Porque has visto has creído? Pues ahora yo digo: Dichoso todo aquel que sin ver, crea. Por este motivo estamos hoy en día más que nunca los cristianos alegres y esperanzados. Y lo estamos precisamente porque entre el corto espacio de tiempo que lleva desde su resurrección, hasta su ascensión a los cielos y la venida de su Espíritu Santo el día de Pentecostés para colmar así al hombre de bienaventuranza, Cristo nos ha regalado, desde su divina misericordia, hasta la subida a los altares de aquella ventolera de amor que fue Juan Pablo II, y que en nuestros días esta actuando en la Iglesia y en el mundo entero como sanador y conciliador del género humano.
No podemos, ahora que llega también el estío veraniego, bajar la guardia, pues el maligno acecha en todo momento y en todo lugar y ocasión, no creamos que por llevar una vida ordenada y piadosa todo esta hecho, ¡No mis queridos amigos! nuestra lucha debe de ser constante y diaria, y tiene que basarse en esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas para muchos y que para nosotros deben ser materia grave. “Es decir que el no llevarlas a su cumplimiento tal y como Dios lo quiere, puede derivar en pecado” Esta lucha os invito a que sea centrada en conseguir unos objetivos claros a los ojos de Dios y de la Iglesia, pues como miembros que somos de ella, debemos mejorar por ejemplo, nuestras relaciones con los demás, en nuestro entorno laboral, en la calle, en nuestras familias (Que es la Iglesia domestica donde Dios nos llama a ser Santos).
En otro orden de cosas y sin perder nuestras mejoras personales, os invito a reflexionar sobre como llevamos a cabo la caridad en nuestras vidas, ¿Que hacemos por el necesitado? ¿Y por el hambriento? ¿De que forma damos de comer a este mundo que tanto nos reclama el alimento? ¿Por qué no damos de beber a esta sociedad, de amor, tan sedienta? ¿Por qué abrimos la puerta al mal uso de las redes sociales y a Internet, donde sólo al toque de unas teclas, puede estar la perdición y el pecado vestido de normalidad y modernidad? ¿Cuál es en definitiva nuestro compromiso Cristiano? ¿De qué manera seguimos cumpliendo con nuestros quehaceres cuando el toque del bronce de una campana nos invita al encuentro con Cristo hecho Eucaristía cada domingo? ¿Cuantas veces nos acercamos a San Juan para echarle unos piropos a la Reina de la Misericordia? ¿Y los Sacramentos? Que tal nos va con los Sacramentos, ¿Que sabemos de confesión? Cuanto tiempo hace que no nos acercamos al Sacramento del perdón, ¿Qué tiempo llevamos sin darle al alma su alimento necesario? “Seguro que el alimento del cuerpo no nos falta a diario, ¿Pero y al alma?...
Todas estas preguntas que hoy desde nuestra pagina web se formulan deben de invitarnos a reflexionar y más ahora que en breve, la blanca Paloma se posará sobre nosotros para enviarnos desde las marismas lejanas, el Espíritu de pastor tan divino, mientras por nuestra Ecija pasea Jesús Sacramentado colmando de bendiciones nuestra bendita tierra.
Rafael Benjumea

